Las Panateneas, la fiesta que llenaba de vida la Acrópolis hace 2.500 años

Fiesta de las Panateneas, procesión hacia la Acrópolis

Hoy subes a la Acrópolis y, salvo por el bullicio de otros visitantes, reina un silencio casi solemne.

Pero durante siglos, cada mes de julio, la fiesta de las Panateneas convertía ese mismo camino en el escenario del acontecimiento más importante del calendario ateniense: una procesión multitudinaria, música, competiciones deportivas y una ciudad entera volcada en honrar a su diosa protectora.

 

Se celebraba cada año, pero cada cuatro se hacía a lo grande: las Grandes Panateneas, con más competiciones, más visitantes y más despliegue. Y todo terminaba en el mismo lugar donde hoy terminan también nuestros tours: en lo alto de la Acrópolis.

Una fiesta para vestir a una diosa

El motivo oficial de las Panateneas era, literalmente, llevarle un vestido nuevo a Atenea. Un grupo de mujeres atenienses tejía durante meses un peplos —una túnica bordada— que se ofrecía a la antigua estatua de madera de la diosa, guardada en el templo de Atenea Polias. La procesión que llevaba esa tela desde el barrio de Cerámico hasta la Acrópolis era el corazón simbólico de toda la celebración.

Participaban prácticamente todos los sectores de la sociedad ateniense: sacerdotisas, ciudadanos destacados, jinetes a caballo, jóvenes que portaban ofrendas y animales para el sacrificio. Era, en cierto modo, un desfile que representaba a la ciudad entera desfilando ante su propia diosa.

La fiesta de las Panateneas, grabada en piedra para siempre

Sabemos con tanto detalle cómo era esta procesión gracias a un motivo excepcional: se representó en el friso interior del Partenón, la franja esculpida que recorría todo el templo por dentro. Según el Museo de la Acrópolis, el friso muestra precisamente esa procesión: jinetes preparándose en Cerámico, jóvenes llevando ofrendas, y la entrega del peplos ante los propios dioses del Olimpo, representados a mayor escala que los mortales.

Es decir: el edificio más famoso de toda la antigüedad griega tiene esculpida, en su interior, la fiesta que le daba sentido. Verlo en persona, sabiendo esto, cambia por completo cómo se mira ese friso.

Más que religión: deporte, música y orgullo cívico

Las Panateneas no eran solo una procesión religiosa. Incluían unos juegos con competiciones atléticas (carreras, lucha, pentatlón), hípicas y musicales, similares en espíritu a los Juegos Olímpicos, aunque exclusivos de Atenas. Los ganadores recibían ánforas panatenaicas: vasijas decoradas con la imagen de Atenea por un lado y la prueba ganada por el otro, llenas de aceite de oliva del Ática, un premio de un valor enorme en la época.

 

Curiosamente, ese mismo espíritu competitivo sigue vivo hoy: el Estadio Panatenaico —el mismo de mármol blanco que hoy se visita en Atenas— fue reconstruido sobre el antiguo estadio de las Panateneas y acogió los primeros Juegos Olímpicos modernos en 1896.

Lo que necesitas saber

¿Cada cuánto se celebraba la fiesta de las Panateneas?

Cada año se celebraba una versión menor, y cada cuatro años, las Grandes Panateneas, con más actos y participación.

¿Se puede ver el friso de las Panateneas hoy?

Sí, gran parte se conserva en el Museo de la Acrópolis, y otra parte, de forma polémica, en el Museo Británico de Londres.

¿Qué relación tiene con el Partenón?

El propio Partenón se construyó, en parte, para albergar la gran estatua de Atenea y para servir de telón de fondo monumental a esta fiesta. Puedes consultar más contexto histórico del yacimiento en la web oficial de Visit Greece.

Nuestra recomendación

Cuando subas a la Acrópolis con nosotros, te vamos a señalar exactamente dónde se desarrollaba cada parte de esta fiesta: por dónde entraba la procesión, dónde se guardaba el peplos, qué fragmentos del friso original todavía pueden verse. Conocer la fiesta de las Panateneas convierte una visita bonita en una visita que se entiende de verdad.

Descubre esta y otras historias en nuestro Tour al Atardecer por la Acrópolis y el Partenón.

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