Si estás pensando en hacer un tour a Delfos desde Atenas, hay una leyenda que deberías conocer antes de subir.
Zeus quiso saber dónde estaba el centro del mundo. Así que soltó dos águilas, una desde el extremo oriental de la tierra y otra desde el occidental, y las dejó volar en línea recta la una hacia la otra. Se encontraron sobrevolando la ladera del monte Parnaso. Ahí, dijeron los griegos, está el ombligo del mundo. Y ahí construyeron Delfos.
Esa piedra que marca el punto exacto —el ónfalos, literalmente “ombligo” en griego— todavía se puede ver hoy en el museo del yacimiento, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pero lo que de verdad hace especial a Delfos no es la piedra. Es lo que pasaba unos metros más arriba, en el templo de Apolo, donde durante siglos los hombres más poderosos del Mediterráneo subieron a hacer una sola pregunta: ¿qué debo hacer?
